Un perro o gato que engulle la comida en segundos no solo deja el comedero vacío enseguida: comer demasiado rápido puede provocar vómitos poco después de comer, hinchazón abdominal o molestias digestivas, y en perros de razas grandes se ha relacionado con un mayor riesgo de problemas gástricos serios, así que no conviene tratarlo como una simple curiosidad.
Los comederos automáticos pueden ayudar bastante en este punto, pero no por el hecho de ser automáticos en sí, sino por permitir programar más comidas de menor cantidad a lo largo del día en lugar de una o dos raciones grandes. Repartir la misma cantidad total de comida en más tomas reduce la ansiedad con la que el animal se lanza a comer.
Otro recurso que combina bien con un comedero automático es un bol de comida lenta, con relieves o compartimentos que obligan a la mascota a comer poco a poco en lugar de meter la cabeza y tragar. Muchos comederos automáticos ya incluyen este tipo de diseño en el bol, y si el tuyo no lo tiene, es un complemento barato de añadir.
La velocidad al comer también se relaciona con la competencia entre mascotas: en casas con más de un perro o gato, separar los puntos de comida o usar comederos con doble tolva evita que uno intente comer más rápido por miedo a que el otro le quite la ración.
Si el problema de comer con ansia va acompañado de pérdida de peso, vómitos frecuentes o cambios de apetito repentinos, esos síntomas conviene comentarlos con el veterinario en lugar de intentar resolverlos únicamente con cambios de comedero, porque pueden tener otras causas de fondo.