La cantidad de agua que necesita un perro o gato varía según su peso, la actividad física, la temperatura ambiente y si su alimentación es seca o húmeda, así que no existe una cifra única válida para todos los casos; el veterinario es quien mejor puede orientar sobre lo que es normal para tu mascota en concreto.
Lo que sí está bastante extendido es que los gatos, por su origen como animales adaptados a climas áridos, tienden a beber menos de lo que sería ideal si su dieta es solo pienso seco. Con el tiempo, una hidratación insuficiente se ha relacionado con más riesgo de problemas urinarios y renales, motivo por el que muchos veterinarios recomiendan vigilar de cerca el consumo de agua en gatos, especialmente a partir de cierta edad.
Una forma sencilla de animar a beber más es cambiar el formato del agua: muchos gatos y algunos perros beben más de una fuente de agua en movimiento que de un bol quieto, porque el movimiento imita el agua de fuentes naturales y estimula el instinto de beber. No funciona igual con todas las mascotas, pero es un cambio barato de probar antes de preocuparse más.
Otros trucos sencillos incluyen colocar varios puntos de agua repartidos por la casa en lugar de uno solo, alejar el bol de agua de la zona de la comida (muchos gatos evitan beber si el agua está justo al lado del pienso) y, si la mascota come solo pienso seco, valorar con el veterinario si añadir algo de comida húmeda puede ayudar a su hidratación general.
Una señal de alarma que no conviene ignorar es un cambio brusco en la cantidad de agua que bebe tu mascota, ya sea mucho más o mucho menos de lo habitual: en ambos casos merece una consulta veterinaria, porque puede ser un síntoma temprano de varias afecciones distintas.